La maternidad de sustitución

Vivimos en la época de los progresos técnicos y científicos. Desde hace mucho tiempo que las naves espaciales surcan el espacio.  La conexión móvil, la televisión de satélite y la Internet han penetrado ya plenamente en nuestra vida cotidiana. Parece que sea muy difícil encontrar alguna cosa que pueda sorprender a un ser humano de hoy. Pero, por mucho que progrese la sociedad, siguen existiendo los temas que no dejan de agitar la mente de milliones de habitantes de nuestro planeta. Uno de los temas así es la maternidad de sustitución. Todos lo discuten: la iglesia, los políticos. La gente trata de encontrar las cosas amorales en lo moral, y vice versa: las cosas morales en lo amoral. A menudo, las mujeres que llevan niños para las parejas infértiles, así como los cónyuges que no tienen hijos y que recorren a los servicios de la sustitución sufren a causa de la crítica intensa negativa. Las madres subrogadas se consideran como las mujeres que venden sus propios hijos. Las parejas infértiles son acusados por cometer algo amoral, les dicen a  ellos: “Si el Dios no te da tu propio hijo, adopta a un niño ajeno”.

Pero,  de qué manera aquellos que han probado en vano un montón de tratamientos médicos pueden explicar a los demás, a aquellos que siempre están contra, que son capaces de concebir sus propios hijos, qué enorme puede ser el deseo de ser padres abrazando a su propio bebé.

La maternidad de sustitución – de sus inicios al comienzo de la época moderna

Se considera que la maternidad de sustitución apareció en la época de los acontecimientos  bíblicos.  Las posibilidades de la medicina de aquellos tiempos son incomparables con los grandes éxitos de modernidad. En aquella altura eran criadas o esclavas que desempeñaban el papel de las madres subrogadas. Como la concepción se realizaba por vía natural, y la madre subrogada tenía la relación genética con el niño que ella gestaba, este tipo de la sustitución ahora se llama tradicional (natural). A menudo, después del nacimiento del niño, la madre subrogada seguía su niñera o criadora.  

Unos miles de años han pasado y los progresos de medicina se han avanzado muchísimo. Por eso, la maternidad de subrogación tradicional ha sido sustituida por la de gestación. Este método sobrentiende la toma del material genético (es decir de espermatozoides y de óvulos) de los padres venideros con su  fusión posterior en un ambiente artificial, y a la madre subrogada, con ayuda de un catéter especial muy fino, se le transfieren dentro de la cavidad uterina los embriones ya preparados. Así, la madre subrogada es privada de la posibilidad de ser madre biológica del niño nacido.

A causa de las contradicciones políticas y religiosas, la utilización de la maternidad de sustitución es totalmente prohibida en tales países como Alemania, Italia, Francia, Austria, Suecia, y en algunos estados de los EE.UU. (Arizona, Michigan, New Jersey).

En un estado australiano Victoria y en Gran Bretaña se permite solamente la maternidad de sustitución sin fines lucrativos en forma de los pagos por los gastos corrientes de la madre subrogada durante el período de gestación y de parto.

La legislación de Dinamarca ha limitado considerablemente la utilización de los servicios de la subrogación. En Canadá, Israel, Países Bajos, los estados norteamericanos New Hampshire y Virginia, la publicidad, la promoción de la maternidad de sustitución así como la oferta de servicios de madres subrogadas y su selección están totalmente prohibidos.

En Bélgica, Grecia, España, Finlandia la maternidad de sustitución de hecho puede tener lugar, pero el procedimiento de la realización de los programas así no se estipula de ninguna manera por la legislación.

Para poder ser padres, las parejas estériles son dispuestas a atravesar fronteras y continentes. Ni clérigos, ni políticos no pueden impedir a un hombre o a una mujer ser padres. Los niños son nuestra continuación, una parte integrante de nosotros mismos. Y cuando un niño parece tanto a sus padres, cuando en sus costumbres reconocemos a nosotros mismos, el hilo invisible que nos une con nuestros niños , se hace mucho más fuerte.