Los primeros sentimientos y las emociones de su niño

Hace mucho tiempo predominaba la opinión que durante el embarazo y los primeros meses después de su nacimiento el bebé tiene el modo de vivir de una planta.

Sólo está guiado por las necesidades fisiológicas. Hoy en día, las investigaciones realizadas en este dominio confirmaron que esta opinión era errada. Sus primeros sentimientos y emociones el niño tiene ya estando dentro del vientre de su madre. Estas sensaciones forman su mentalidad, su capacidad de actuar recíprocamente con los padres, con la gente del entrorno y con sí mismo.

La sangre de la madre lleva no solamente substancias de alimentación que influyen en el crecimiento y el desarrollo del feto, sino también las hormonas del humor. Por eso, todas las emociones de su madre el niño percibe completamente, sin tener el derecho de escogerlas, porque no puede manejarlas conscientemente.

Ya a la edad de 13-14 semanas se observan las reacciones gesticulares bastante visibles al cambio del estado psicológico de la madre. Por eso, una mujer embarazada debe ser muy atenta a su estado emocional. Claro que en nuestra vida no siempre es posible evitar los momentos desagradables y  los que provocan las emociones, pero tratar las cosas de una manera filosófica está absolutamente dentro de nuestras posibilidades. No hay que permitir que los estreses se hagan un estado peligroso para el bebé. Si la situación complicada surge, hay que dirigirse con los pensamientos a su bebé, hablar con él, calmarlo. El primero de los cinco órganos de sentido del niño que se manifiesta es el tacto. A la edad de 7 semanas la cara comienza a tener sensibilidad, luego van las palmas. El cuerpito pequeñito justamente a la semana 13 es capaz de sentir lo que  está a su lado.

A medida que el bebé crece, éste comienza a sentir claramente los tactos de las manos de su padre y de su madre.

La alimentación, el estado de la salud, el humor y el estado bioquímico individual de una mujer embarazada influyen en el sabor y el olor del líquido amniótico, que para el tercer mes de su desarrollo dentro del vientre de la madre percibe el niño. Así él siente el olor de su madre.

Aproximadamente para el final del quinto mes ya aparece el oído. El primer sonido que el niño consigue oír es el del latido del corazón de su madre cuyo ritmo le informará sobre el estado de la seguridad y tranquilidad. Aparte del latido del corazón el niño oye los sonidos del funcionamiento de los órganos internos -así llamado “ruido blanco”. Los investigadores comparan la intensividad de estos ruidos con el sonido de una aspiradora que funciona. Pero, el sonido más importante siempre será el de la voz de la madre. Esta voz difiere de las demás, porque se oye no sólo fuera, sino también dentro.

Cuanto más fina se hace la pared del útero, tanto más sonidos agradables, asustadores, extraños, emocionantes y extraordinariamente interesantes comienza a distinguir el bebé. Si el papá habla con el bebé a través del vientre, el sonido de su voz se memoriza muy bien, ¡y se reconocerá después del nacimiento del bebé!

Para el fin del sexto – el comienzo del séptimo mes aparece la vista.

De esta manera, el niño a todas las etapas de su desarrollo dentro del vientre, cada segundo recibe nuevas emociones y sensaciones  que forman lapersonalidad del bebé.

Por eso, es difícil  sobrevalorar la importancia de las emociones excesivas de la madre. Queridas madres, por favor, recuerden .que de sus emociones y pensamientos se crea el carácter del niño y su manera de percibir el mundo. Justamente dentro de su vientre el niño tiene su primera experiencia de la actitud hacia el mundo. ¡Será el mundo de este nuevo Ser Humano cariñoso y afectuoso o no - eso depende de Usted! Sus impresiones dentro del vientre dejan su huella para toda su vida ulterior.

Pero, resulta que no todo depende solamente de los cromosomas X e Y. Si el hombre al momento de la concepción del bebé está tranquilo, satisfecho con su vida – nacerá una niña. Si el siente alguna irritación, inquietud, está estresado– nacerá un chico. La explicación a eso se puede encontrarla en el desarrollo evolucionario de todos los seres vivos en la Tierra.

Los genéticos repararon en lo que las mujeres son portadoras de la herencia, y los hombres son portadores de la mutabilidad. En la  naturaleza los machos influyen en la población y la calidad de la   descendencia, mientras las hembras influyen en la cantidad. Entonces, si no hay escasez en la comida y si el ambiente de la habitación permanece el mismo, nacen hembras y en posterioridad son ellas que garantizan el crecimiento de la generación posterior.  Pero, cuando las condiciones climáticas cambian permanentemente, se sufre de la escasez  de la alimentación en este caso nacen machos. En la población de los machos el porcentaje de sobrevivir es muy bajo ya que ellos no tienen capacidad de adaptarse.  Las hembras tienen mucha más vivacidad  y pueden adaptarse a las condiciones insólitas en los plazos más breves.  

Los machos, que se adaptaron a las condiciones nuevas engendran la generación de los individuos cuyo carácter de la “vivacidad” en nuevas condiciones ya está fijado al nivel genético. ¡Y aquí está el milagro de la naturaleza! La generación nueva da casi siempre las hembras.

La maduración de los espermatozoides duros y leves regla la cantidad de las hembras y los machos en la cría. Si el macho está tranquilo, son los espermatozoides con cromosomas X que predominan. Si la cosa es contraria, el macho está inquieto serán los espermatozoides con cromosomas Y que madurarán.

Así se puede observar la conexión siguiente: el cambio del medio ambiente -estrés- predominancia de los machos entre la cría – los que se adaptaron sobreviven- el estrés desaparece-  predominancia de las hembras entre la cría – restablecimiento de la población.

Este método se puede aplicar a la gente, ya que nosotros, así como los animales nos sometemos a las leyes de la evolución.

Pero, independientemente del sexo del niño -chico o chica, la cosa más importante es que esta criatura sea adorada y amada por Usted. Es que la felicidad del bebé depende no de su sexo, sino del amor fuerte de sus propios padres.